Apocalíptica

Manchados de obsesiones
nos ondulamos a propósito
sin resistir a su reclamo,
arrollados por su voz.
Nos llama desde los límites
del tiempo, pletórica tras correr
entre los confines de la oscuridad
como un cuervo a cargo de
nuestros sueños.
Luego, sucede el silencio,
que no deja arena en el reloj
ni vuelta a empezar.
Hay que ir recogiendo los desechos del alma para ofrecérselos en prenda,
y tocar la nada como al principio
sin que nuestra ausencia manche de recuerdos o nostalgias
el aire que nos abandona.
Se termina este capricho,
como cualquier otro,
y es que todo fluye,
nada permanece.*

* Y es que todo fluye,
nada permanece. De Heráclito el oscuro.

Gallego Rey. Derechos Reservados.