La teoría del caos

...al principio en mí
no había nada…”

Mientras mi ángel duerme
soporta el cielo con su presencia
una alevilla menuda que calma mi
herida imaginaria con un ungüento
imaginario entretanto la noche rima
con sus alas blancas y los impedidos
triunfan con impunidad en la ciudad
del caos y Lázaro se niega a caminar,
porque ni yo soy dios, ni la suerte
nunca estuvo echada, y menos aún
después de que la mariposa estática
se negase a aletear.

© Gallego Rey

No hay. (Monólogo casual)

foto paisaje gallegoNo hay genios de verdad en lámparas vacías, ni molinos sin viento que muevan gigantes en la imaginación del cuerdo. No hay desolación en el adiós si no hay amor, ni tristeza sin la mirada perdida de quien ya no ve más que su tristeza. No hay música sin un silencio previo que conmueva, ni payaso sin ganas de llorar entre bambalinas. No hay certezas en los poemas, ni poetas sin poesía. No hay ataúdes sin muertos, ni muertos que no estuvieran vivos.

La vida es un eterno no hay, donde hay de todo, menos aquello que no hay. Y aún así es complicado lo sencillo, y fácil lo difícil.

Una vez alguien me dijo que vivir es tan sólo una cuestión de azar, o tal vez me lo dije yo, mientras hacía mis cálculos sobre cuánto le debo a esta ruleta de la suerte por acertar a pararse en mi número, de casualidad…

De casualidad no hay nada. No hay nada que el azar no haya previsto antes de jugar a titiritero en este inmenso teatro de la vida.

Gallego Rey. ©

Espontáneo

Cuando el tiempo me duela
en carne viva y dios vagabundee
por entre el infierno de mis miserias
y los gusanos atroces crezcan
alimentados por mi alma yerma
presentiré que mis heridos florecerán ordeñados por la tempestad, como un milagro,
y de sus pechos brotaràn los laureles como del río brota el agua,
y entonces no sabré si soy gélido
o veleta, o un arrebato que
contempla las flores de antaño
y al contemplar presienta,
izando el ánimo,
que soy tanto como yo;
un eco fantasmal equivocado,
sin salir de mí,
espontáneo.

Gallego Rey. Derechos Reservados

Un cadáver vivo me observa

Un cadáver vivo me observa;
los dos habitamos el mundo
como el aceite habita el fuego,
acoquinados el uno del otro.
Al trasluz,
como en un espejo de sombras
improvisa mis gestos
y yo le contesto con la lógica
de la oscuridad.
A cara descubierta no me
atrevería a tanto;
cualquier estallido de luz
inclinaría la balanza hacia
su mirada sin fondo
y mi vida se rompería como
el mecanismo de un instante
que se detiene por nada
o el vacío de un charco
que añora las gotas de una
lluvia que nunca existió.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Un mundo nuevo

Obrando como un pájaro
que ya no tiene miedo a los halcones, con la soledad clavada
en la quietud desnuda de la verdad,
y así con todo aún alegre;
sin brújula ni rumbo fijo voy.
Ningún misterio hay que no conozca de la humanidad
que a estas horas precise esquinas
donde ofrecer consuelo a cambio
de alas para no volar.
Ya no queda piedad que excuse
el impúdico abandono con olor
a deshumanización;
demasiada profundidad hay en las dudas, y cosas contrarias a la razón que se elevan al nivel
de los viejos templos.
Y no sé porqué ya no me sorprende,
en todo caso, nada de este mundo del revés, al que llaman nuevo, acaso sea porque estar
cuerdo me protege,
o tal vez por el capricho de permanecer despabilado cuando todos los demás duermen aún estando despiertos…

La metáfora de este cuento
es el humo lento que emana
de las cenizas del Fénix,
que se niega a resurgir, miedoso,
pues nada fue lo mismo
desde la última vez
que se atrevió a volar.

No todos podemos ser héroes
con tanto cabrón suelto;
pues aquí quien más quien menos siempre apuntando con las escopetas y disparando a matar.

Gallego Rey. Derechos Reservados

Jericó

“…También vosotros amàis la tierra y las cosas terrenas, pero vergüenza hay en vuestro amor, y mala conciencia…”

Así habló Zaratrusta. Nietzsche

Cuando tú te llamas miedo
ella en la noche profunda
te corrompe. Hay un horror
verdadero en el amor a la
oscuridad, porque nadie brota
allí donde se consiente la confusión y el ruido excrementa
las cosas enfermando de inexplicables plegarias los labios,
derribando las murallas
en un diálogo de catástrofe con nadie, abandonado a la deshumanización y a la adversidad.

Permanecer mudo es imposible Sigue leyendo