La muerte aparente

El fin no es una cuestión casual
-y elemental como el interior
del silencio que encierra-.
En sus desnudos sigo esperando
la creación del todo
la inexistencia del caos
tu mano cerca de mi nombre
y la desierta amplitud de una
paz que nos lleve al solemne principio
del vacío que yace vivo como un carroñero
que se alimenta del dolor de un frío beso
en la frente de quien se envuelve
en la música de los difuntos.

Pero en este cementerio abandonado
que es mi vida, apenas quedan ya
residuos de ti y de mi,
y hace tiempo ya, que la muerte
ha seguido su camino.

Gallego Rey. Derechos Reservados

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Oráculo

 

 

Un abanico de luto en su mirada negra
y fría como el nicho abierto y vacío
de un mal nacido que se sienta
ante la resurrección de su sombra
y echa por la boca
desdentada la sangre del pueblo

medita porqué está muerto
y porqué está vivo, luces y sombras
al compás de un histrión exiliado

pregunto

esclavitud, contesta,
esa maligna enfermedad
hechicera que de algún modo
mentiroso os hipnotiza

cómo
si se nace libre

como verdugos de la ilusión
y los ojos arrancados
y las palabras mudas

y otro día más
al paso firme
de la mano
del tiempo
que no se detiene

Gallego Rey. Derechos Reservados

Autorretrato

 

 

El desnudo de mis huesos está adquiriendo la densidad
del paso del tiempo, y ya no me reconozco
en este extravío de mitad olvidos y mitad desmemoria.
Necesito un nombre que de nombre a este arrugado despojo
de ayeres sin sentido, y que tus ojos me miren de cara,
para que por fin te veas como eres después de todo,
después de nada…

Gallego Rey. Derechos Reservados.

El duende de la mezquindad y yo

El travieso duende de la mezquindad
se ha hecho hombre y estornuda en alud
a la humanidad masticada en su boca
arrugando en el vacío que habita en su alma
y ante mis ojos morosos
las nanas de la compasión.

No hay más miedo adusto
que a tal parto incompetente
que como herida abraza al dolor
y estremece su destino
enmarañando las fábulas de la memoria
al ritmo laberíntico de una alucinación chinesca.

Habitamos ambos, en un imposible,
sin raíces, como en un desván a solas
sin cuerda para suicidarnos
siendo, acaso, el invierno total antes de la muerte.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

La teoría del caos

...al principio en mí
no había nada…”

Mientras mi ángel duerme
soporta el cielo con su presencia
una alevilla menuda que calma mi
herida imaginaria con un ungüento
imaginario entretanto la noche rima
con sus alas blancas y los impedidos
triunfan con impunidad en la ciudad
del caos y Lázaro se niega a caminar,
porque ni yo soy dios, ni la suerte
nunca estuvo echada, y menos aún
después de que la mariposa estática
se negase a aletear.

© Gallego Rey

No hay. (Monólogo casual)

foto paisaje gallegoNo hay genios de verdad en lámparas vacías, ni molinos sin viento que muevan gigantes en la imaginación del cuerdo. No hay desolación en el adiós si no hay amor, ni tristeza sin la mirada perdida de quien ya no ve más que su tristeza. No hay música sin un silencio previo que conmueva, ni payaso sin ganas de llorar entre bambalinas. No hay certezas en los poemas, ni poetas sin poesía. No hay ataúdes sin muertos, ni muertos que no estuvieran vivos.

La vida es un eterno no hay, donde hay de todo, menos aquello que no hay. Y aún así es complicado lo sencillo, y fácil lo difícil.

Una vez alguien me dijo que vivir es tan sólo una cuestión de azar, o tal vez me lo dije yo, mientras hacía mis cálculos sobre cuánto le debo a esta ruleta de la suerte por acertar a pararse en mi número, de casualidad…

De casualidad no hay nada. No hay nada que el azar no haya previsto antes de jugar a titiritero en este inmenso teatro de la vida.

Gallego Rey. ©