Aquelarre solitario

Esta noche no ansío soledad
sino el hambre de una vigilia
que me enfangue en tus ladinas caderas
más fuertes que el imperio de todos
los astros y mostrador de los deleites
que la voz lúdica de la locura me tienta,
y así, levitando, febril al pensarlo
me sobresalto radiante
transformado en un toro ebrio
de vulnerable testosterona,
pero tú me niegas sin ni siquiera
de regalo un beso que en mis
labios sangre y haga de los estragos
de tu risa en mi cara, -mudando a empujones-
el ayuno por la apetencia que alimenta
lo imposible y me hunde en la noche
sin un aullido de lástima que protestar.
Cuando me recobre de tu negación
permaneceré mudo para siempre
y no volverás a escuchar de mi boca
tu nombre, y fallecerás entonces conociendo
el horror de la indiferencia,
y yo, derrotado, me apagaré contigo
como el eco espantoso de la muerte.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

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El deseo

El deseo es la presencia de la ausencia
de aquello que nos apremia
y nos habita en secreto
extrañando lo que nunca ha sido.
Desear es rendirse a la urgencia ciega
y lanzarse a la pesquisa perpetua
que lleva al descalabro del tiempo
y también de la razón
que acaba en la reducción del alma.
El deseo es la raíz,
la parte oculta del tormento,
porque desear es asomarse
al vórtice del dolor.
Es una ley del deseo
concebir irrealidades
y pretender la muerte de lo infinito
humillándose ante el capricho.
Para no desear tendríamos que renunciar a respirar,
para no desear sería forzoso dejarnos morir.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Géminis (Autorretrato II)

Autorretrato de Gallego Rey para el poema Géminis

Autorretrato de Gallego Rey para el poema Géminis

Mi conciencia es la tuya
como el abismo que nada en el pez
o la lluvia que lame al fuego.
Es la secuencia de una vida grabada
en el rostro como la luz tatuándose
en la oscuridad, aunque no sé
si lo estaré soñando
o aguardando al vendaval
mientras me empujas con tu mirada
hacia un rincón donde de mí se esconde
el sol con las manos.
Pero mirándote te digo
que tu angustia es también mi angustia
como copias exactas, porque
para ningún otro respiramos tan hondo,
y sin embargo nos tememos
como se teme a los despojos
de la lucidez, y así debe de continuar
hasta que la compasión
nos estreche en sus brazos
y tengamos que pagar el dulce
y postrer abrazo que nos reconcilie.

El duende de la mezquindad y yo

El travieso duende de la mezquindad
se ha hecho hombre y estornuda en alud
a la humanidad masticada en su boca
arrugando en el vacío que habita en su alma
y ante mis ojos morosos
las nanas de la compasión.

No hay más miedo adusto
que a tal parto incompetente
que como herida abraza al dolor
y estremece su destino
enmarañando las fábulas de la memoria
al ritmo laberíntico de una alucinación chinesca.

Habitamos ambos, en un imposible,
sin raíces, como en un desván a solas
sin cuerda para suicidarnos
siendo, acaso, el invierno total antes de la muerte.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

La poesía es inmundicia acicalada

La poesía aunque ya no duela
ni se incruste en el mostrador
de la vida quemando conciencias
es inmundicia acicalada
y también noche, aire
plomo y cómplice de las
grietas en los espejos
y un templo donde rezar
persiguiendo dioses
y muertos
y máscaras donde apaciguar
la nocturna soledad.
La poesía es olvidar
para recordar de otra manera
sin el peso muerto
de la catástrofe cotidiana
y un muro inexistente
entre el tú y el yo
y el nosotros
porque o todo es desnudez
y desgarro en la poesía
o no es poesía

@ Gallego Rey

Destierro

…No es mi reino -dijiste- de este mundo;
pero ve que, sin patria, triste muero
en el destierro y en error profundo:

raíz dame en la tierra, aquí, primero;
sin raíz con el polvo me confundo:
sólo con ella he de irte todo entero…

Miguel De Unamuno

De tanto de nada aprieta el hambre
y se escucha el ruido de los huesos
al sujetarse en el vacío,
y el vuelo de unas manos implorando
cristales para rasgarse
las venas y desangrar de toda
su miseria al mundo.

Pero ya nadie escucha a nadie
en esta dimensión de derrota
y huérfanos cipreses sin raíces ni tierra.

Gallego Rey ©

La teoría del caos

...al principio en mí
no había nada…”

Mientras mi ángel duerme
soporta el cielo con su presencia
una alevilla menuda que calma mi
herida imaginaria con un ungüento
imaginario entretanto la noche rima
con sus alas blancas y los impedidos
triunfan con impunidad en la ciudad
del caos y Lázaro se niega a caminar,
porque ni yo soy dios, ni la suerte
nunca estuvo echada, y menos aún
después de que la mariposa estática
se negase a aletear.

© Gallego Rey