A degüello: la profecía del hombre muerto

Al clamor del asombro
sobrevendrá la apatía
y los monstruos de las sombras
habitarán en el insufrible dolor
de nuestra derrota,
y caerán sus máscaras
de candente plomo
como cae la flor del olvido
sobre nuestros ojos,
y volverá Diciembre con su agonía
de crucifixión a resucitar
a este apócrifo occidente
hijo de un simulado Uróboros,
y valdrá su precio de treinta
monedas de plata que los
ahorcados traidores
nos vendan al peso,
aunque no consuele saber que
también morirán los
poetas canallas que escupen
su disconformidad desde
sus trincheras de terciopelo
mientras el sarraceno toca a degüello
esperando el momento de amortajarlos
con sus vacíos versos.

© Gallego Rey

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Dios viste de negro

A causa del miedo
al polvo y a las cenizas
Dios viste de negro
obcecado en olvidar su creación,
y en su memoria se desgarran
los gritos de los muertos
y la profundidad del horror crece
como menguan los ojos del búho
ante la luz del sol.
Dios está herido;
es un mártir para el dolor
y los otros dioses esperan
su carne como pájaros necrófagos.
Así es la vida, que ni él se libra
de las tempestades
y todo lo que ha creado puede
diluirse y pasar al olvido,
y no obstante:
Cum infirmor tunc potens sum

(La medida de su debilidad aumenta su fortaleza)

Gallego Rey. Derechos Reservados.