Jericó

“…También vosotros amàis la tierra y las cosas terrenas, pero vergüenza hay en vuestro amor, y mala conciencia…”

Así habló Zaratrusta. Nietzsche

Cuando tú te llamas miedo
ella en la noche profunda
te corrompe. Hay un horror
verdadero en el amor a la
oscuridad, porque nadie brota
allí donde se consiente la confusión y el ruido excrementa
las cosas enfermando de inexplicables plegarias los labios,
derribando las murallas
en un diálogo de catástrofe con nadie, abandonado a la deshumanización y a la adversidad.

Permanecer mudo es imposible Sigue leyendo

La voz despierta del silencio

terror_luna[1]En silencio
– a menudo – las orillas
plúmbeas del firmamento
gotean tinturas
que son de noche
puntos suspensivos
que refulgen para hablarme
y sostenerme despierto.
Entonces el silencio
se transforma
en un alborozo activo;
en un correr de aquí para allá
desnudo de prejuicios hacia
los seres mágicos de la noche
como un niño que aún no conoce
las sombras del pensamiento
humano y desprende
el dulce don de la inocencia.
Luego viene la luz
y me exilio en la rutina
mutando en hombre invisible,
sorteando las fauces del
ruido ensordecedor
sin mostrar un lamento
hasta que regresa el misterio
a la noche callada.

Silencio…

Gallego Rey. Derechos Reservados.

El soplo de la vida, el tabaco de la muerte

Fumas tu cadáver
untando de espuma la muerte
como un acantilado que sangra
del revés los nudos de la vida.
Mar adentro irán las olas a buscarte para llevar tu esqueleto al lugar fiero que amansa al cuerno de la desdicha.
Habrá gozo;algarabía, fiestas y timbales a tu regreso al nicho
donde habitamos los que fuimos,
habrá un niño en su vientre esperando el relevo para abrir las puertas del mundo,
habrá serenidad tras el llanto
alegre de quien da a luz al destino,
habrá un cadáver fumàndose el tiempo, erguido sobre su vanidad,
y el resultado a todo será la silueta de la costa de la muerte a babor de la barca, y a estribor el sol naciente;
el soplo de la vida,
el tabaco de la muerte.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Hay algo abandonado de mí en mí

Quién exclama
en la noche tus ojos
y las flores que no existen
con una nueva prosa
clavàndome fríamente en el corazón estacas talladas de letras,
el soplo de la poesía, la ansiedad
en mis manos, el amanecer.

Los pájaros – de mi mente- al escuchar tal sirena saltan al vacío batiendo sus indecisas alas desiertas de oscuridad, nada
es tan exacto como ese compás
amontonado, a través de él vuelo y mis fantasmas al caer vociferan como versos distantes,
los escucho,
en el cielo su eco ocupa mi vida
y no me arrepiento, cómo arrepentirme de atravesar las ruinas de los muertos, y sus palabras que no se comprenden sin los acantilados interiores
o la demencia atada a la garganta
sin presunción de inocencia.

Sí,
hay algo abandonado de mí en mí,
apenas subyace, latente,
y me exclama en la noche tus ojos
y las flores que no existen
y rompe a pedazos mis pesadillas
aunque ya no duerma por la emoción de encontrarme frente a frente conmigo mismo.

Puedo quedarme así,
en este desvarío, mirando el encanto de la vida, asomado
a esta hora que me ofrece ilusión poniendo entre mis labios
algún beso, tan solitario y tan vasto
como el latido de una flor desamparada.

Puedo atreverme a comprender
a quien exclama
en la noche tus ojos
y las flores que no existen,
porque hay algo abandonado
de mí en mí que ya no reconoce
la derrota ni el adorno de la oscuridad: es la quietud de la paz
hurgando en mí, manoseando
la llama que prende mi alma
alzando la luz que mata el silencio que se dice sin motivo alguno,
y siento las horas nuevas
apoyarse en el deseo de seguir así
como si todo fuese el dulce
despertar de un sueño.

Gallego Rey. Derechos Reservados.