Tiempo muerto

Cuando los mudos
apresan mi desorden
con sus labios
se me hace de noche
en ésta prescrita piel
donde brama mi vejez
contra su testamento,
y ocurre que tengo miedo
a quedarme solo en la oscuridad
sin ningún resto de cuerda
en la maquinaria que me hace
funcionar, aunque lo mío
ya solo sea una vida ajena,
cuatro recuerdos sin rostro
y un ataúd que me observa
con desdén…

Gallego Rey ©

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Un mundo nuevo

Obrando como un pájaro
que ya no tiene miedo a los halcones, con la soledad clavada
en la quietud desnuda de la verdad,
y así con todo aún alegre;
sin brújula ni rumbo fijo voy.
Ningún misterio hay que no conozca de la humanidad
que a estas horas precise esquinas
donde ofrecer consuelo a cambio
de alas para no volar.
Ya no queda piedad que excuse
el impúdico abandono con olor
a deshumanización,
demasiada profundidad hay en las dudas, y cosas contrarias a la razón que se elevan al nivel
de los viejos templos.
Y no sé porqué ya no me sorprende,
en todo caso, nada de este mundo del revés, al que llaman nuevo, acaso sea porque estar
cuerdo me protege,
o tal vez por el capricho de permanecer despabilado cuando todos los demás duermen aún estando despiertos…

La metáfora de este cuento
es el humo lento que emana
de las cenizas del Fénix,
que se niega a resurgir, miedoso,
pues nada fue lo mismo
desde la última vez
que se atrevió a volar.

No todos podemos ser héroes
con tanto cabrón suelto;
pues aquí quien más quien menos siempre apuntando con las escopetas y disparando a matar.

©Gallego Rey