Cuál es tu dedo en mi llaga

dedo

 

 

 

 

Como si le debiese algo más que la vida
y cobrar quisiera con intereses
esta deuda hecha cuerpo
sigue arremetiendo contra mí,
el tiempo,
con sus días desolados que pasan
despacio, y también los que van rápido
en su reloj que aún sin cuerda
no se niega a recordarme
la postrera hora que ha de llegar
como el dedo llega a la herida
de quien vivo espera la muerte
preguntándome cuál será en mi llaga
el último en señalarme el fin del camino:
si el anular para casarme a la parca
o el corazón para mandarme a la mierda.

Gallego Rey. Derechos Reservados

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En los desvanes – de la memoria – lo inesperado anhela a que todo soñador abra algún día la trampilla de su corazón doliente para jugar con las sombras de ojos lentos, soledad y versos distantes. En los desvanes tocar la nada promete naufragios mientras los fantasmas se enredan entre ellos cantando nanas a las grietas de un espejo sin rostro, y a veces, suceden cosas que no fueron, y otras, cuando hay melancolías por celebrar, sucede la impermanencia.

En los desvanes la vida es así de huésped, sin un enero que celebrar y el murmullo por querer decir algo siempre silenciado. Debería estar prohibido deberse la vida en vano. Ahora divago.

El médico me ha dicho que me muero de viejo… ¡Qué carajo! Para él en sus ojos de luto  todos somos muertos en lista de espera, y a mí todavía me queda un desván lleno de trastos por transferir, historias aparte. Y un nombre que se borra de la memoria bailando en la cuerda floja. Ya sé que se descuidarán mis piernas de sujetarme, mi boca de alimentarme y de tanta vida ajena observándome terminaré por estar a solas con mi ausencia. Vale, lo acepto pero, qué sabrá el Doctor, si además tengo en mi desván el infinito donde dejaré una tregua y entonces volverá la luz por las calles de mi invierno. Y alguien pintará en mi rostro una sonrisa por los viejos buenos tiempos, al fin y al cabo, el mismo polvo de donde venimos también perdió la memoria cuando se hizo carne y hubo que ayudarle.

Yo solo no puedo luchar contra las estrías de mi corrosión. Me está llamando a la puerta el olvido y ni siquiera recuerdo si he cerrado con llave.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Era tarde

Odio la lógica de la oscuridad que abre crepúsculos con raíces.

Tiembla.

Un amargo encanto cayó atroz sobre tus manos; mendigo, sátrapa. A defender tu luz acuden mis miedos, también los ancianos, las putas y los niños. Poco ejército, cargado además con la culpa de la inocencia. En todo caso, lo que queda para hacer frente a la afrenta de la serpiente y la hembra.

Araña la tierra.

Y coge la manzana agredida por esa culpa y entiérrala. Así la tierra detendrá al tirano que escribe torcido, que roba el sueño de los vientres anegados de esperma.

Huye.

Lo harían los árboles por ti, pero eligieron tener raíces ancladas a la tierra.

Era tarde.

Era tarde cuando aprendí a quererte. No me eches la culpa. Imagíname, en el centro de la noche, sin creación, sin principio ni vida. Necesitaba un dios para justificar tu búsqueda y una mitad hecha de tu costilla. Lo de variar el orden no fue cosa mía. Fueron nuestros hijos, compilaciones precipitadas y sin orden que creen equivocadamente. Mis ojos hundidos en el tiempo ya no los ven… y a ti te maltratan.

Debo volver.

Debo volver, o será tarde para regresar sin ti.  Algunas madrugadas me sorprendo mirando mis manos encantadas, como si un sortilegio oscureciese mi mente. Entonces huyo, pero siempre hacia ningún lugar. Hoy también era tarde cuando vino a visitarme la demencia. Charlamos. Me habló de ti.

Odio.

Odio tanta lógica oscura, y tu silencio. Quizás sea tarde para preguntar por tu nombre. Quizás…

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Hoy me ha visitado Dios

Luces incineradas para oprobio de ciegos. Cuerpos desmembrados que huelen a intemperie. La vida que empieza a descubrir sus cartas; aroma de arquitectura de Dios. Los barrancos y sepultureros cavilan cómo acomodar pretéritos esqueletos blancos como la cal viva, redondos como su última súplica ante el verdugo…

Me gusta conocer los hemisferios ocultos de los desastres naturales, y sus sombras provocadoras, peligrosamente celosas de sus tótem y la parafernalia ligada al sacrificio. Lo sé; no estoy loco. Es un hecho ordinario la locura. La demencia es más artera, idioma de la confusión y enemiga vericueta senda de la falsa bondad de los hombres.

Hoy ha venido a verme Dios: está y se le ve anciano; grazna como los pájaros cuervos negros de siluetas demoníacas. Se ha vuelto demente y por eso lo cobijo un rato, lo escucho, lo entiendo, lo dejo pensar que todavía me tiene acorralado entre la vida y la no muerte…

Dios es así de crédulo pero, ¿Quién es Dios?

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