
Fotografía de Fernando Sánchez- diario Público.es
Lo más difícil siempre ha sido ponerle el cascabel al gato, no el tener la idea y la necesidad de ponérselo para saber por donde nos merodea el peligro.
Entramos en la fase dos de tres del pensamiento crítico sindical de nuestro país. La fase uno que concluía este domingo, era la de bufar a conciencia disimulando que se estaba muy cabreado por los acontecimientos políticos y sus consecuencias para la ciudadanía. ¡Buf, buf, buf!
La fase dos, o también llamada post carnavalera, es la de volver al discurso de la lucha de clases. Ya saben; la clase obrera y tal y tal…
Los camaradas vuelven a serlo; vestiditos de pana, y más socialistas/comunistas que La Pasionaria nos rescatan la vieja receta que consiste en que los obreros se crean eso de que son una clase social al margen de cualquier otra, y que esa cualquier otra es la culpable de los males de los curreles y, por lo tanto, hay que combatir con esa cualquier otra clase social para ganar la batalla final.
This is the end, for you my friend…
Lo de la lucha de clases está ya más gastado que eso de que Jesucristo murió en la cruz para salvarnos a todos, o que todos somos iguales ante la ley…
Tengo comparaciones a elegir, que cada cual se sirva de la que más le guste.
El sindicalismo mayoritario en España es una lástima de sindicalismo. Todo hay que decirlo. Por eso, la clase trabajadora española (The Fuking Class) es un conglomerado como de tabiques de pladur que da el pego si se la mira de lejos, pero que al primer golpe se resquebraja, y en eso, la clase dirigente (The ruling Class) es una experta en dar el gran golpe…
Ante eso, ni el Leninismo, ni el Stalinismo, ni el Marxismo, ni el bobismo nos salvará de la guantá en toda la geta.
En un mundo tan globalizado en el cual España solo representa una ínfima parte de un todo que todo lo ve, pretender resguardarse del huracán escondidos en casitas de papel tiene su aquel…
Dicen los sindicatos que luchan para protegernos del camino que nos pueda llevar a la esclavitud, sin tener en cuenta que mientras aquí filosofamos somos parte activa en el mayor desarrollo de la esclavitud a nivel planetario: el consumismo desaforado, que a su vez nos sujeta al círculo vicioso en una centrifugación que nos impide salirnos del cuadro.
Somos víctimas a propósito y sin querer queriendo del sistema que nos va menos mal que a otros; los verdaderos esclavos que en medio mundo tienen que dedicar sus vidas a producir lo que aquí consumimos; sin derechos, sin adalides que los rescaten de nosotros mismos.
Hablar en España de lucha de clases entre obreros y patronos es para mi opinión una cruel broma, ya que en general yo solo veo dos clases de ciudadanos, con sus excepciones: los que se aprovechan de los demás, y los que no pueden aprovecharse de los demás pero les gustaría.
La solidaridad es el único camino que nos hará libres, y la solidaridad no es una ideología, sino una forma de ser y de vivir. Mientras no seamos solidarios con los ciudadanos del tercer mundo, ese que nos produce todo aquello que aquí consumimos por tres duros, no hay nada que hacer.
En esta segunda fase de tres, los sindicalistas nos quieren convencer de que estamos jodidos por culpa de los empresarios, de este gobierno y, un poquito, reconociéndolo a regañadientes, del anterior. Pues va a ser que no.
Estamos jodidos porque hemos vivido siendo autistas en una situación que desembocaría en lo que se veía venir. Y punto. Ahora es demasiado tarde para la revolución en las calles, porque eso supondría destruirlo todo, y, amigos y amigas, reconozcámoslo, hay un mucho de ese todo que es nuestro y no queremos que se destruya.
Nos apretarán las clavijas más y más, pero como Dios; apretarán pero no ahogarán. No son tan tontos. Y la prueba de que la ciudadanía es reticente a la quema colectiva ha sido su no participación masiva y mayoritaria en las manifestaciones sindicocarnavaleras de ayer.
Hay quien se queja de que muchos solo se quejan en conversaciones de bar, o sentados cómodamente en los sofás de sus casas viendo la tele… Pues ahí está el tema; que seguimos a nuestra manera viviendo decentemente, al menos la mayoría, esa que se queja porque toca pero que no contempla que toque una quema general porque arderían ellos y a nadie en sus cabales le gusta quemarse a lo bonzo teniendo una alternativa.
A mí me ha quedado clara la cosa ayer, y hoy también, y mañana más: el personal no está por la labor de salir a la calle a defenderse de nada salvo escaramuzas aquí y allá que conforman las excepciones, y eso es así porque lo de que viene el lobo aún no lo escuchamos nítidamente, y además, si viene, que le den por culo al dueño de las ovejas…
La fase tres de los sindicatos, por cierto, será la de escoger la marca de la vaselina y untársela ellos mismos. Sin mariconadas. Nada de besitos en las orejas. Una penetración por el culo en toda regla, y que parezca que ha sido consentido para no denunciar la violación.
En China, por ejemplo, los “trabajadores” de ese país se darían de ostias para que a ellos los esclavizasen como a nosotros. Y con esto no estoy para nada defendiendo que aquí se nos recorten derechos, solo que para que a aquellos los esclavicen de verdad, nosotros aquí tenemos que ser quienes consumamos los productos que ellos fabrican en condiciones que entra tú primero que a mí me da la risa.
Ahora que cada cual saque sus propias conclusiones, y el que esté libre de culpa que tire la primera piedra.