Negro humo habano

Negro humo habano
que te desprendes del cuerpo
en órbitas de lejanías;
tu velamen prendido del techo
por el gozo cautivo que nos da la locura,
fiel bitácora que acoge tu nombre
y nos designa lugares estacionales
por los cuales pagamos tu alto precio.
 
Negro humo que danza boca abajo
y nos deleita furioso en un aquelarre,
éxtasis pasajero de más humo y habano sujetar
tu presencia entre los dedos,
que mudan despacio la piel blanca en amarillo mortuorio
y exhalan la vida que migra hacia los campos de amapolas.
 
Tú, negro humo, que me sujetas voluptuoso,
lascivo en el combate por dominar tu presencia encendida
que consume mi existencia y alcanza en el orgasmo
la plenitud maldita de mi muerte.
 
Tú me llevas al cadalso sujeta mi alma a la soga
y yo me muero en locura, y te fumo entero dejando escapar
el último adiós que nos despida.
DE LA FRAGUA DEL VIENTO. @mareaxenaterra

 

El Espejo.

El espejo, cansado de tanta hipocresía, hace tiempo que no refleja las ilusiones perdidas de la mentira. La casa vive deshabitada de muebles que se han perdido entre empeños, préstamos a la usura o que, simplemente, han dejado de aparecer ante la falta de ojos que les diesen sentido. Sólo sobrevive el ataúd de la familia, hecho en magnífica madera de roble bien tratada. Su presencia todo lo llena en el vacío inconstante que dejan los muertos que apellidan nuestros nombres.

Sobre la repisa de la chimenea, hecha de piedra para perdurar, una carta roída por el silencio espera al destinatario que ha de leer nuestras últimas voluntades. El fuego ha destruido el resto del misterio y de los rescoldos sólo quedan las cenizas. En la carta se dice todo lo que hay que hacer para cumplirlas, cuando la leas sabrás el qué, pero no antes de que nazcas. Aún no.

Recuerdo mi imagen vista en el espejo, de cuando joven: esbelto en la mirada de mis ojos de narcisista; guapo en apariencia; perfecto en la soledad antes de que llegara la luz traidora de la verdad y que mi cuerpo, descompuesto ante el engaño, se fuese pudriendo. Fue al llegar ella y enamorarme locamente. A la muerte, cuando te promete la eternidad no es fácil ignorarla, y menos aún evitar enamorarse de su rostro para siempre. Claudiqué ante su encanto, por supuesto, y mi corazón latió con más fuerza que nunca, aunque el espejo, ¡maldito traidor!, no quisiera reflejar la dicha que albergaba mi alma y sólo me devolviese imágenes crueles de un monstruo repugnante con cara de muerto, con cuerpo de muerto, con sonrisa de muerto…

No lo pude destrozar por falta de pruebas y testigos, aunque sé que sentía envidia de mi éxito, así que nos ignoramos mutuamente mientras la casa, alimentada por nuestro mutuo desprecio fue desprendiendo poco a poco olor a desdicha y abandono. Mis amigos, como nunca los tuve, no respondieron a la llamada de auxilio. Tampoco la hice; la muerte y yo nos bastábamos para sentirnos solos el uno con el otro. Suficiente.

Así fue pasando el tiempo, y como vi que no me llegaba la eternidad para arreglar mis asuntos, dejé escritas mis últimas voluntades en esa carta que te digo, a salvo de todo, incluso de mí mismo. El espejo añadió las suyas en un aparte, aunque las ignoro…

A veces me siento tentado de mirarme una vez más en él, pero la pereza me puede y no salgo del ataúd. Intuyo que también él desea verme de nuevo, pero calla por orgullo y se mantiene intacto en su soberbia, sin una sola grieta o roto que distorsione el momento del reencuentro.

Por ella no me preguntes, me abandonó el mismo día de desposarnos para ir en busca de otros, pero de eso hace mucho y apenas me duele ya. De ti espero un poco más. No es que te exija nada. Con tu vida me basta y que ocupes mi lugar en el entierro. Cuando llegues, por cierto, ajustaré cuentas con el espejo, que tendrá que soportar verme  reflejado en tu mirada. Ya verás qué hermosa te verás en la muerte y lo celoso que él se pondrá. Lo he dejado todo dispuesto.

@mareaxenaterra ©Gallego Rey

 

Retratos con nostalgia.

NOSTALGIA 1– Vidriados los ojos al calor de la lumbre, dormitando, el anciano esparcía la memoria de otro tiempo sobre la implacable soledad de su vejez. En la casa, con él, habitaban todo tipo de nostalgias: nostalgia por la mujer perdida, nostalgia por los hijos enfrentados, nostalgia por los nietos que no había tenido, nostalgia por la nostalgia…, incluso los muebles que sobrevivían junto a él a la cuenta atrás del tiempo sentían nostalgias propias.

NOSTALGIA 2– Hacía frío para ser primavera, quizás por eso no habían llegado aun las cigüeñas blancas a sus nidos vacíos. Las chimeneas fumaban altaneras sobre los tejados con una desvergüenza intolerable, mofándose de un sol atascado en el cielo; un sol sin brillo ni fuerza, un sol nostálgico, un sol con bufanda que tiritaba de frío esperando a que las cigüeñas blancas lo rescatasen del invierno.

NOSTALGIA 3– No la recordaba así, tan en miniatura, como una casita de enanos o cosa parecida, pero al menos permanecía erguida sobre su orgullo, quizás esperando aquella visita pospuesta por él durante años. El trabajo silencioso del tiempo había obrado en su contra, no cabía duda; el tejado se sostenía en volandas como un paracaidista atrapado en las ramas de un árbol, asido a unas milagrosas vigas de madera de boj que hacían honor a su fama de indestructibles, y éstas, a su vez, conjuraban con la dura piedra de las cuatro paredes la muerte de sus muertes. El hórreo anexo a la casa no había sufrido la misma fatalidad, y no quedaban ni sus recuerdos para sentir nostalgia de su presencia. Todo era distinto de como lo había idealizado desde su partida hacía muchas décadas atrás. Ni la casa, ni las tierras aledañas o los árboles que recordaba habían enraizado alrededor de su infancia eran lo mismo. Tampoco él era lo que había sido para el cuadro de cosas que lo observaba sin reconocerlo como suyo, así que en paz con sus nostalgias se despidieron sin decirse palabra. No hacia falta.

NOSTALGIA 4– No reconocía a ninguna de aquellas personas que lo lloraban desconsoladas. Había salido de un prolongado coma sin recuerdos que lo identificasen consigo mismo, y lo peor, sin nostalgia de haberse conocido.

 

LA MEJOR MANERA DE APOYAR A QUIENES OFRECEMOS LO QUE ESCRIBIMOS DE FORMA DESINTERESADA ES COMPARTIENDO EN LAS REDES SOCIALES.

@mareaxenaterra © Gallego Rey

Amanece tristeza

El gato de ojos dispares le discutía al frío su supremacía arremolinado sobre un viejo edredón de cama deslucido por el tiempo. Por las ventanas, la luz de un nuevo día pugnaba por dominar las sombras, mientras la voz átona de un locutor de radio recitaba con hastío el cupo de desgracias ordinarias. Un gallo viejo cantaba diana al ejército gallináceo en algún corral cercano, a la par que las campanas de la iglesia anunciaban que Dios no se había olvidado de sus errores hechos hombre. Desperezándose de la indiferencia de vivir, el perro guardián de la nada hizo un esfuerzo por levantar sus ojos hacia un cielo plomizo que amenazaba batalla de nubes negras. La chimenea de la casa, tosía el humo negro de un fuego raquítico, apenas suficiente para calentar la resignación de las cuatro paredes de piedra que hacían de hogar a la derrota de dos almas que esperaban turno para engordar la cuenta de muertos que la parca acumulaba desde el minuto uno de todos los tiempos. Los hijos muertos flotaban en recuerdos, ilustrando viejas fotografías en blanco y negro. Pedía atención a silbidos una cafetera olvidada. Reclamaba la pesadumbre un poco de tregua, sin enemigos con los que paztar las condiciones.

Ya daba igual quien ganase o perdiese aquella guerra sin nombre, porque puntual, el cartero, había hecho lo suyo, entregando en mano las notificaciones de decesos de aquellas dos vidas que habían sido más suyas que los despojos que les quedaban por cuerpo y nombres.

Y así amaneció triste aquel día, como amanecen los días en las casas de los muertos tempranos. Como amanece cuando ya no se desea que amanezca, y vivir solo es una carga que arruga las almas hasta hacerlas tormento que nos pesa por dentro, olvidándonos de nosotros mismos, y de que vivir, raras veces, puede ser una alegría.

PD- Ofrezco lo que tengo gratis, por eso, si os gusta, no estaría de más darle a compartir en vuestras redes sociales. No os cuesta nada y para mí es un mundo.

@mareaxenaterra

Oídos sordos, ojos que no quieren ver

Cuando en 1789 la clase trabajadora francesa (campesinos y burgueses), cansada de soportar a cuenta de su esfuerzo y trabajo los privilegios de la nobleza y el alto clero, inició lo que todo el mundo conoce como la revolución francesa, que devino en la creación del primer estado ciertamente moderno y democrático del cual emanan las democracias modernas occidentales, sus pretensiones no eran la de tomar el cielo por asalto, por muy románticas, épicas o idílicas que nos parezcan hoy la toma de la Bastilla (14 de Julio de 1789) y todos los actos revolucionarios protagonizados por la población civil cansada de tanto abuso de autoridad feudal de la época.

La igualdad, fraternidad y libertad supuso mucho más que un eslogan propagandístico para jalear a las masas en contra de los ”demonios” de las alturas. Supuso el fin de una era y el comienzo de una civilización moderna donde el hombre; individuo y ciudadano, tenía los mismos derechos que cualquier hijo de vecino. La revolución francesa no supuso la toma de ningún cielo en la tierra, ni de ningún privilegio para los ”héroes” de la revolución, sino, mas bien al contrario, supuso  el asentamiento de las bases sobre las cuales orbitan nuestros derechos actuales, al menos en este rincón planetario llamado Europa. Y esos derechos con vigencia plena, irrenunciables hasta que alguien demuestre o proponga otros mejores y más saludables, son los que están en peligro a día de hoy por el ”bobismo” de unos, y la ”nostalgia” trasnochada de quienes piensan que la libertad de los individuos se alcanza vistiendo de grilletes comunistas a los ciudadanos: la igualdad alcanzada en la miseria de ser casi todos pobres al servicio de la minoría extremista de lo absurdo y anti natura. Basta leer Rebelión en la granja, de Orwell, para entender.

Los islamistas del ”Estado Islámico” se han propuesto cazarnos como moscas atrapados en su tela de la araña; uno a uno, en grupos, a tiros, con bombas, cortando cuellos o imponiendo poco a poco sus exigencias religiosas retrógradas en el mismo corazón de nuestras libertades. Y en esa guerra estamos sin querer enterarnos de que ellos son un ejército de fanáticos que nos quieren borrar de la faz de la tierra mientras nosotros discutimos cuantos panes y peces habremos de ofrecerles para que su tremendismo y locura no nos afecte.

Nos ha costado mucho a todos los europeos en general, y a los españoles en particular, llegar a este remanso de paz en el camino de nuestras historias para que ahora claudiquemos ante la barbarie y el horror, el miedo y las amenazas. Pero lo peor, con ser la amenaza islamista radical indiscutible y tremendamente peligrosa para nuestra civilización, está en las mismas entrañas de nuestro colectivismo. Desde dentro de nuestro cuerpo enhebrado con hilo de rencores absurdos y guerras de nuestros antepasados, una parte de nosotros mismos ( porque toda sociedad es una) jalea el disturbio, la confrontación y la negación de un estado social que mejor o peor, con sus defectos corregibles, nos ampara y cobija de locos de atar, aspirantes a reyezuelos y salvapatrias de tres al cuarto.

La alianza de civilizaciones que tanto jalean unos, no se puede llevar a buen puerto cuando una parte es una civilización avanzada y demócrata, y la otra representa la ”incivilizacion” y el camino del revés histórico. Ayer, en la cuna de nuestros días de democracia, los representantes de la barbarie religiosa nos golpearon a todos, sin piedad ni remordimientos. Ya lo habían hecho antes. Lo hacen a diario lejos de nuestras fronteras, y lo seguirán haciendo hasta que el mundo civilizado entienda/entendamos que no se puede mantener la mano tendida hacia quienes quieren cortarnos las cabezas.

El ”buenismo” de algunos nos empieza a pasar factura. El buenismo de creer que todo el mundo es Bambi; que las fronteras son rayas imaginarias para saltárselas a la torera, el creer que legislar y mantener un orden es pernicioso y recorta libertades. El orden es lo esencial para el sostenimiento de una civilización. Sin orden, el caos y la anarquía.

Los derechos inalienables de las personas a vivir en paz y libertad no se pueden perturbar por el fanatismo de unos, la estupidez de otros, o las ansias de juegos de guerra y revoluciones porque sí. Si queremos defender nuestra libertad hay que marcar líneas bien definidas para delimitar nuestro territorio; que es la democracia y el respeto hacia los demás. Y quien no consienta vivir dentro de esos parámetros no puede ni debe merecer nuestro respeto y apoyo. De ningún tipo.

No cabe pues dar ni un paso atrás que menoscabe nuestros principios de libertad y autonomía individual. Quienes quieran librar a los fanáticos de su locura son bien libres de hacerlo, pero lejos de nosotros. Quienes quieran iniciar una vida en comuna, al estilo soviético del pasado siglo, que lo hagan, pero lejos de nosotros. En democracia no cabe todo, por mucho que se estiren los argumentos: o hay libertad, igualdad y fraternidad, o al cuento le ponemos otro título y a otra cosa. Muchos dirán que mi argumento es fascista, retrógrado y tal, quizás porque en su imaginario no contemplan otra visión del mundo que ese ”buenismo”, ”bobismo” o comunismo sin comunismo, que viene a ser lo mismo que las dos primeras cosas. Pero yo les digo que por no querer oír ni ver, algún día sentirán el filo de la navaja sobre sus cuellos, o el calor de muerte de un fusil apuntando a sus cabezas, que son todas y cada una de las nuestras. Y cuando eso ocurra por no poner el antídoto a tiempo, por sus mentes quizás aparezca un atisbo de arrepentimiento tardío, una renuncia pasada de hora a sus delirios de querer salvar a los locos de su locura, a la muerte de seguir matando.

@mareaxenaterra

 

Consumir kultura mata.

Hace un par de años por estas mismas fechas cayeron en mis manos -ávidas siempre de recibir libros nuevos-, un par de novelas como regalo de reyes de parte de mi mujer: El lector de cadáveres, de Antonio Garrido, e Imperio Perdido de Clive Cussler. Reconozco que en un principio no me ilusionaron lo más mínimo. Por aquellos días estaba enfrascado en la lectura de varios de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós y, a decir verdad, no me apetecía dejar de conocer las andanzas de Gabriel de Araceli para ponerme a leer aquellos libros. Pero al cabo de un tiempo y por no hacerle el feo a mi mujer de no leer lo que con tanto amor me había regalado, comencé con El lector de cadáveres, thriller histórico excepcional que sitúa en la China medieval la trama de su historia. Y así empiezo este artículo.

Hace poco descubrí en twitter el perfil de un escritor español desconocido, pero de un talento extraordinario, al menos hasta donde lo he podido leer: José Antonio del Pozo @joseantoniodelp. Y como cosa de te retuiteo, me retuiteas, me hablas, te contesto, nos hablamos y conocemos, llegamos a intercambiar impresiones sobre su primer libro publicado y que recomiendo. En su perfil de twitter lo encontraréis: Las historias de un bobo con ínfulas. El caso es que de alguna manera ambos, él con más razones que yo, clamábamos sobre la tremenda dificultad que hoy en día tienen los nuevos escritores con verdadero talento para darse a conocer entre tanto pastoreo y tráfico de estupideces. Naturalmente, ambos estamos de acuerdo en que el personal es libre de leer lo que le plazca. faltaría. Lo que ocurre, y esto ya es solo mi opinión que no hago extensa a nadie más, es que el ”bobismo” iniciado en la era de Zapatero presidente ha dejado una profunda huella de mediocridad en el ambiente que costará un par de generaciones como poco borrar. Y eso si empezamos ya manos a la obra.

En España si haces las cosas regular no tienes problemas, si las haces mal siempre alguien ajeno tendrá la culpa, si las haces bien te mirarán con recelo, y si te sales de norma y las haces genial corres el riesgo de que te excluyan socialmente, salvo que tengas padrino, que no sé si será aun peor. Y en el mundo de la literatura, con tanta ”socialización” de medios a nuestro alcance, ya ni os cuento: si no estás en las redes sociales no existes, y si estás y destacas al margen del dictado, date por lapidado con las piedras del ostracismo, las malas lenguas y la envidia de los bobos solemnes.

Como decía al principio, leí El Lector de cadáveres, y mi impresión fue tan buena que me puse a buscar en internet información sobre su autor, con el cual y de manera muy amable por su parte he podido intercambiar algunos correos electrónicos. Si la impresión de su novela me había dejado un gran sabor de boca, la de su autor superó con creces la primera. Y oigan, es un tipo normal; profesor universitario, escritor de éxito mundial – no exagero-, nada egocéntrico y muy cercano. Ygualito a la mayoría de ”bobistas” que sin haber empatado con nadie pululan por este mundo con ínfulas de grandes escritores.

Y es que en España, cierto, la cultura en general, y la literatura no podía ser menos, está en manos de los herederos de esa máxima socialista que dice que cualquier nulo tiene derecho a siglos de gloria. No se trata de que lo que hagas lo hagas bien o mal, y ahí va la segunda parte de este artículo: si no eres de izquierdas, lo llevas clarinete. La ”kultura” en manos de vendedores de humo, de correveydiles, de cejudos con el dedo atrofiado, de nuevos podemistas. De mierda. Para qué añadir más.

Todo el que no se posicione cercano al ”bobismo” no come, no publica, no hace cine, exposiciones etc. Padrinos aparte, que en la derecha escasean por la rendición de la misma en materia cultural. Y si hablamos de las redes sociales, esos boletines oficiales del régimen escatológico, la proporción es de cien a uno: por cada persona libre que no traga con el invento, cien insultando, vejando, ninguneando y señalando al disidente. Y claro, quién puede así salirse del círculo en el que nos han metido. Nadie.

Por eso recomiendo el libro de José Antonio del Pozo @joseantoniodelp, sus artículos de opinión; obras maestras de ingenio y manejo del oficio de escritor. Y además, para no aburrir, recomiendo un consumo prudente de ”kultura”, pues produce atrofia mental, cabreos varios y subida de egos innecesarias.

PD- Las opiniones aquí expresadas son solo mías. Y de nadie más

©@mareaxenaterra

El hombre feliz.

A falta de un par de minutos para las doce campanadas el sofá y él conformaban una unidad tan incognoscible que no se sabía dónde empezaba uno, y dónde el otro. Hacía frío, a pesar de que en la chimenea un tronco solitario llameaba sin aportar consuelo a la gelidez de la noche. Su señora, nerviosa como en noche de bodas, traqueteaba en un plato una docena de uvas exageradamente grandes para la ocasión, observando desasosegadamente la pantalla tamaño plus de su nueva televisión recién estrenada, en espera de los cuartos, las campanadas, el atracón de las jugosas bayas y el posterior sentimiento de alegría de no se sabe muy bien por qué. Nuestro hombre, empero, ni se inmutaba. Hecho todo sofá y manta, descreído de alegrías inservibles, con lágrimas en los ojos por las risas que le provocaba el humorista que amenizaba la espera del gran evento, a él la entrada del nuevo año le importaba una mierda y, aunque a su mujer no le hacía gracia su pasotismo, ni a él la exagerada alegría de ella por un acto que consideraba estúpido, ambos, a su manera, se respetaban.

-Tolón, Tolón, que ya empiezan, nena. No se te olvide tomar una de más, por si algún mes te falla…

– Vete a la mierda. Si no quieres tomar las uvas por lo menos no me hagas reír con tus bobadas.

Y llegaron los cuartos, y después las prisas sincronizadas de ella para zamparse las doce uvas como pequeños melones al son de las campanadas, y después sus lágrimas de felicidad acostumbradas como cada nochevieja, aún rumiando en su boca la mitad del atracón, y los besos entre ambos; sentidos y emocionados los de ella, cariñosos pero obligados los de él, y otro año más en la cuenta de sus calendarios.

– ¿Habrás pensado al menos qué propósitos tienes para este nuevo año?- le preguntó ella. Y él, sin pensarlo ni un segundo, le contestó: vivir. Y de nuevo el sofá, él y la manta se hicieron una unidad incognoscible, mientras ella, que no acostumbraba de acostarse tan tarde, se fue para la cama de matrimonio como un día cualquiera, pensando que quizás su marido fuese el único realmente feliz en una noche como esa.

© @mareaxenaterra