Un poema en galego: A terra que nos doe

Xurdenme esquecementos
que falan por si mesmos
coma a xustiza pola man
para esnaquizar a tolemia
das àrbores que se queiman
nun sol que non é o seu
sen a máis mínima queixa.

A miña patria grande làteme
no peito, no mesmo centro dun Carballo empequenecido que arde tamén pola mesma man xusticieira.

Non hay inxusticia màis xusta
que voltar os ollos atrás,
e lembrar a semente que nos fixo,
e logo ser àrbore onde se queira,
màis coas raíces sempre apuntando a terra que nos doe.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Formas libres ( de masturbación )

Evitan el mundo de la lucidez caminando por los tejados de la santa demencia, con un lienzo de risas en sus ojos que se dibuja hasta los labios. Sus formas pertenecen a los recónditos espacios imaginarios de los cuerpos que se apetecen entre cigarros, desnudos, mirando a la cara de la lentitud donde se obliga al alud de la piel contra la piel.

Esas formas libres sueñan hasta el final, y entre sueños sangran esquinas donde sembrar encuentros piratas con olor a la mar femenina y semen de sacrificio.

Las amo.

Amo esa breve selección de cuitas caprichosas que conmueven la carne, el éxtasis que encierran, y la memoria inventada que nos deja escrita en el extravío de la fantasía, libres de toda forma.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

El hombre bello

* Dedicado a todas las mujeres maltratadas por sus parejas.

El hombre bello se irguió sobre si mismo, hercúleo, miró en torno suyo sin ver nada porque tus ojos ya no estaban en su retina.

Se escaparon tus besos hacia otros cuerpos y las caricias pertenecen ahora a otros.

Le duele.

El hombre bello se sintió deshonrado, confundido.

El sol esculpía su cuerpo perfecto
pero el hombre bello tenía frío,
tu cuerpo ya no estaba allí para cuidarlo. Tu cuerpo ahora es tuyo.

Ausencia.

El hombre bello envejeció de golpe en el momento en que tú rejuvenecías ausente de él.

Liberación.

El hombre bello quedó ahí, petrificado en el camino esperando tus pasos, solo.

Olvidado.

Quizás el hombre bello no tendría que abofetearte aquella vez…

Ni nunca.

Gallego Rey. Derechos Reservados. De La Fragua Del Viento.

Pan y circo. Poesía desde el rebaño.

Veo en la arena unas sombras
como hormigas de gigantes,
con la fragilidad del vértigo
y el miedo derramando amapolas.

En ese espacio de sombras
no hay ironías,
solamente maquinaria mientras
dure el espectáculo, y un mendrugo de pan como moneda cómplice que pague el circo a los entusiasmados corderos.

Así es imposible salirse del rebaño.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Versos

Olvidé en un cercado de oscuridad amanecer contigo, con las manos revueltas en tu pelo, con tus besos jugando a ser poesía en mis labios.
Después, pobre idiota,
regresé raudo a por las palabras que mi imprudencia había dejado en el vacío amarillento de una vigilia de barro y sal, con el reloj del quizás contando mi suerte en su esfera, cual timón de un malogrado navegante sin barco, encayado en una plegaria a un dios cualquiera por encontrarte.
Jarreaba, jarreaba miedo a perderte en la quiebra de mi voluntad, y en esa intemperie vi tumbado tu cuerpo armónico; toda tu vida.
Suspirabas por recordarme,
y suspiré yo con el corazón en huelga, hondo, como esculpiendo lágrimas de alivio en mis mejillas,
no sin razón: tenías aun grabados en la frente unos versos como faros, de esa vida que escribí para ti, para reconocerte por si el abismo de mi desmemoria me dejaba próximo a la nada.
Sí, esos versos, como soles, redondos, con los pájaros de la luz revoloteando entre los enredos de tu piel de fuego, como despertando de una promesa cumplida al amanecer, con tu pelo revuelto en mis manos y una poesía jugando a besarme.

Hay veces que lo que se olvida en la oscuridad merece tanto la pena que es lo que nos enciende los focos de la memoria.

Gallego Rey. Derechos Reservados.