Dioses de papel y tinta

Tus manos
acentúan el paisaje
de mi cuerpo
reinventando instantes,
descubriendo en mis ojos tus ojos

No pares de descifrarme
ahora que mi piel
avanza despacio por tus dedos
y achico el miedo
a contestarte en tus labios
con los míos

De tanto imaginarnos
en el paraíso
era lógico amarnos,
y convertirnos en dioses
de papel y tinta

Si alguna vez dejásemos de soñar
solo seríamos un folio en blanco

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Paso a paso

Paso a paso,
sin la negación de la existencia
hoy es siempre todavía;
un largo desnudo del alma ambulante, derramada sobre pieles y hueso; carne y memoria,
nosotros, en fin.
Paso a paso,
hoy es siempre el ahora deshojado; indicios revueltos donde tender, a priori,
la desolación del mañana
mudando de miedos con todo
el arrebato y equipaje
del viento en la calma.
Hoy, los resquicios del ayer
se hacen sombra al desplomarse en las estrías del tiempo,
y puedo llegar tarde a poniente,
porque hoy es siempre todavía,
paso a paso.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

La vejez

¡Qué curioso!
He buscado en el fondo del alma la fugacidad de mi vida;
el espejo de mis rumores;
el agua que corre dibujando siluetas; la madera noble de sombras y silencio; las huellas de las cenizas pordioseras…
Y solo en el confín de mis oídos,
algo, unos labios que tal vez pasaban por allí, me miraron de soslayo para abrir en mi pecho, de par en par, una vejez hirviente con su aliento agolpado como se agolpa la profundidad de la mar, y germinar dentro de mí raíces de serenidad como volcanes teñidos de sol.
Tu voz.
Era tu voz, como una escoba barriendo las sombras de mis malos recuerdos antes de encender el dulce atardecer del sueño pescador del destino.
Y yo canto victoria por encontrar con serenidad la noche que llega, como la vejez de aquel soneto que decía:

“…Que tiene la vejez horas tan bellas como tiene  la tarde sus celajes, como tiene la noche sus estrellas…” *

* Del poema La Vejez;

Vicente Riva Palacio.

México  (1832-1896)

Gallego Rey. Derechos Reservados.

 

Mirarte

Con la expiración del fulgor
en mis frágiles ojos caídos,
quebrándome,
por vocación de olvidado
retallo que surge de noche
a la luz de una copa de vino
escanciado en tu boca por mis
manos revueltas, ignoradas,
que se vuelven polillas sin luz
donde esconder sus alas.
Tan desnudo me dejas al mirarte
que no me dejas nada,
salvo desesperación y sueños;
polvo de estrellas y un velo
que soporta las distancias
entre tu piel y no verte.
Quizás sea mejor así,
que no existas más que en el
mandil donde te guardo
para bañarme cada noche
en tus ojos, desvariando,
alargándome como un cuerpo
sin sombra, tumbado en la
densidad de una quietud
que siento en la agonía
de mi silenciada voz, que te
reclama sin haber sido nunca mía
mas que en los espejos
y en mis madrugadas a solas,
donde el folio y tus dedos
me enredan, y me vencen los pesares, y se desatan a la orilla
del miedo todas mis lágrimas
al escribirte, al diseñarte como
si fueses las raíces mismas
del fuego que me consume
por esa manía de mirarte,
con la expiración del fulgor
en mis frágiles ojos caídos,
quebrándome,
por vocación de olvidado
retallo que surge de noche
a la luz de una copa de vino
escanciado en tu boca por mis
manos revueltas, ignoradas,
que se vuelven polillas sin luz
donde esconder sus alas,
y siempre vuelta a empezar.

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Demencia mía

Un búho inventa la noche, y en cierta forma es feliz, como un arquitecto cósmico, providencial. Soy yo. Insomne, navegando entre cuerpos celestes, emanando sentidos redimidos, cópulas primigenias y licencias insoslayables.
Mientras quiera saber si existes, el último sol de la tarde llegará para unir nuestras soledades, para acunar tus sueños, para esparcir tu fragancia que me reduce a la figura de un dios a tus pies.
Mi corazón late.
Quiero.
El azar es la astucia que nuestras miradas ausentes buscan para encontrarse, desnudas.
Adiós a la noche.
Te desafío.
Un día alguien escribirá sobre el ritmo de mi locura, inclinación que me lleva hacia la estética de las palabras. Porque un búho inventa la noche.
Soy yo:
un búho
un búho
Un búho soy yo: loco, quizás también demente…

Gallego Rey. Derechos Reservados.

Me fugo a intervalos

Me fugo a intervalos de esta calma soporífera vestida de niebla
acariciando con movimientos furtivos a las estrellas que titilan batidas por el viento.

Me fugo en escaladas
de este cuerpo enhebrado
cosido a retales y hecho añicos
por el vértice de una caricia.

Me fugo y no me retienen razones
ni recuerdos, ni la cárcel de tus brazos que se abren matemáticamente sumando un nuevo mártir a tu causa.

Me fugo a intervalos
y tú me encuentras.

Gallego Rey. De La Fragua del Viento. Derechos Reservados.